Lo importante

Muchas veces, absortos en la rutina, en las obligaciones, en lo que la sociedad exige de nosotros, no nos detenemos a admirar la belleza, a atrapar un instante y registrarlo con todos sus matices (o al menos con aquellos que los límites y humanos y nuestros propios límites personales nos permitan). Nos abandonamos a la modorra, al adormecimiento de los sentidos. Pasamos por esta vida como viajeros grises, no como aquellos seres perversos de que habló Michael Ende en Momo, sino sus víctimas. Yo estuve en ese trance por mucho tiempo. Ahora no quiero que la vida prosiga su fluir inexorable, veloz y tiránico sin asomarme a otras puertas. Ahora quiero ser lo que siempre había sido y lastimosamente abandoné hace poco, perdiéndome en la más miserable mediocridad: un asombrado. Creo que el asombro es la semilla que germina en todo ser distinto que tal vez mira al mundo con los mismos ojos de sus semejantes, pero se hace de lupas, caleidoscopios y anteojos que le abrirán paso a una realidad mayor contenida en lo que sus sentidos apenas adivinan. A leer, ver y escuchar se ha dicho.

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